Otorgándole la santidad a cada día de la semana conmemorativa, la Iglesia católica convirtió parte de una tradición hebrea en un ritual propio, que cada país celebra a su manera, con liturgias y celebraciones específicas. En todo el mundo, tras la Cuaresma (40 días de ayuno), la Semana Santa comienza con la idiosincrasia típica de cada lugar, donde se mezclan ritos paganos, costumbrismos y el folclore regional, conformando una masa colorida de expresiones de fe, las que se extienden incluso hasta Medio Oriente, ya que en Jerusalén (ciudad disputada por Palestina e Israel) las procesiones son famosas por lo multitudinarias, aunque este año fueron canceladas.