Rodeado por sus familiares el escritor falleció en Lima -Perú-, tras lo cual sus hijos adelantaron que, según los deseos del literato cuya obra trascendió las fronteras, no realizarán una ceremonia pública y sus restos serán cremados. El novelista había irrumpido en la escena literaria con la publicación de “La ciudad y los perros” en 1963, luego, entre muchas otras, le siguieron “La casa verde”, “Conversación en la catedral”, “Pantaleón y las visitadoras”, “La fiesta del chivo” y “El sueño del celta”.