La Asamblea de Expertos confirma la sucesión en el máximo poder teocrático.
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La designación de Mojtaba Khamenei, de 56 años, marca un punto de inflexión en la República Islámica tras la muerte del ayatolá Ali Khamenei durante los bombardeos iniciales del conflicto con Estados Unidos e Israel. Pese a no haber ocupado cargos formales previos, su ascenso ratifica el predominio del ala más conservadora del sistema político iraní, asegurando la continuidad de la línea dura en un contexto de extrema fragilidad regional.
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El nuevo Líder Supremo consolidó su influencia operando durante décadas desde la oficina de su padre en Teherán, donde fue señalado como "el poder detrás de las túnicas". Su perfil se caracteriza por vínculos estratégicos con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y la milicia Basij, pilares fundamentales del aparato de seguridad. Esta red de contactos, sumada a su formación en los seminarios de Qom y su experiencia como veterano de la guerra Irán-Irak, le otorga el respaldo necesario para conducir las fuerzas armadas y el programa nuclear en plena contraofensiva militar.