Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que la informalidad global alcanzó en 2026 a 2.100 millones de personas, un retroceso impulsado por la inestabilidad geopolítica. El recrudecimiento del conflicto en el Golfo Pérsico y el bloqueo del Estrecho de Ormuz han disparado los costos energéticos, forzando a las industrias a congelar contrataciones y provocando una caída real de los salarios frente a la inflación. En Europa, el giro hacia el carbón por la falta de gas no solo frena la transición ecológica, sino que precariza las condiciones laborales en sectores estratégicos.