El 37 por ciento de los jóvenes que asisten a los comedores y merenderos barriales tienen algún grado de desnutrición. La disminución sin pausas de la actividad económica, reflejada en la caída de las ventas, deriva en una restricción de productos de primera necesidad en los hogares, ya que la baja en el poder adquisitivo los obliga a adquirir elementos con menores valores nutricionales y, en algunos casos, se omiten algunas comidas diarias.