Corrientes, Capital

Solidaridad en tiempos de inundaciones

Canoas y alimentos para las familias aisladas.

fotorreportajes

Editado por María Daniela Varela

Fotogrfías de Joaquin Meabe, María Daniela Varela, Luis Gurdiel

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Cuando la ayuda cruza el agua

La red vecinal frente a la creciente del Paraná.

En la ribera del Paraná, mientras la creciente inunda viviendas y obliga a familias a buscar refugio, los vecinos de los barrios afectados se organizan para cocinar, distribuir alimentos y llegar en canoa hasta quienes permanecen aislados en sus casas. La emergencia los encuentra en situaciones diferentes, pero unidos por una misma realidad: la de quienes saben que, en momentos de incertidumbre, nadie debería quedar solo
1 / 13 Foto: Joaquin Meabe

En la ribera del Paraná, mientras la creciente inunda viviendas y obliga a familias a buscar refugio, los vecinos de los barrios afectados se organizan para cocinar, distribuir alimentos y llegar en canoa hasta quienes permanecen aislados en sus casas. La emergencia los encuentra en situaciones diferentes, pero unidos por una misma realidad: la de quienes saben que, en momentos de incertidumbre, nadie debería quedar solo

La creciente del Paraná no se vive de la misma manera en todas las casas. Mientras algunas familias todavía pueden permanecer en sus viviendas, otras debieron abandonarlas porque el agua las cubrió por completo. Según los vecinos, alrededor de 30 casas se encuentran en esa situación. Entre las pertenencias perdidas y la incertidumbre sobre lo que vendrá, la vida cotidiana intenta encontrar una forma de continuar.
2 / 13 Foto: María Daniela Varela
La creciente del Paraná no se vive de la misma manera en todas las casas. Mientras algunas familias todavía pueden permanecer en sus viviendas, otras debieron abandonarlas porque el agua las cubrió por completo. Según los vecinos, alrededor de 30 casas se encuentran en esa situación. Entre las pertenencias perdidas y la incertidumbre sobre lo que vendrá, la vida cotidiana intenta encontrar una forma de continuar.
Entre las familias del Barrio Itatí que perdieron su hogar están Ángel Miño y María Aranda, quienes vieron cómo la creciente del Paraná y una jornada de lluvia intensa, terminaron por destruir su casa. Su historia pone rostro a las consecuencias de la emergencia y muestra cómo la combinación del avance del río y las precipitaciones puede convertir en pocas horas una situación difícil en una pérdida irreparable.
3 / 13 Foto: Joaquin Meabe

Entre las familias del Barrio Itatí que perdieron su hogar están Ángel Miño y María Aranda, quienes vieron cómo la creciente del Paraná y una jornada de lluvia intensa, terminaron por destruir su casa. Su historia pone rostro a las consecuencias de la emergencia y muestra cómo la combinación del avance del río y las precipitaciones puede convertir en pocas horas una situación difícil en una pérdida irreparable.

Pero hay algo que se mantiene en movimiento: la ayuda entre vecinos. En distintas casas del barrio se preparan alimentos para quienes atraviesan los momentos más difíciles. No hay un único punto de encuentro ni una sola familia a cargo. Varias se turnan para cocinar, organizar las tareas y distribuir la comida. Los relevos permiten que quienes sostienen esa tarea también puedan descansar y volver a empezar.
4 / 13 Foto: Joaquin Meabe

Pero hay algo que se mantiene en movimiento: la ayuda entre vecinos. En distintas casas del barrio se preparan alimentos para quienes atraviesan los momentos más difíciles. No hay un único punto de encuentro ni una sola familia a cargo. Varias se turnan para cocinar, organizar las tareas y distribuir la comida. Los relevos permiten que quienes sostienen esa tarea también puedan descansar y volver a empezar.

La ayuda no termina donde acaba el camino. Algunas familias permanecen en las plantas altas de sus viviendas, mientras el agua cubre los niveles inferiores e impide salir por tierra. Hasta allí llegan otros vecinos en canoa, llevando comida y acercando lo necesario para atravesar el día. La misma organización que recibe donaciones, prepara los alimentos y los reparte se ocupa también de quienes permanecen rodeados por el agua.
5 / 13 Foto: María Daniela Varela
La ayuda no termina donde acaba el camino. Algunas familias permanecen en las plantas altas de sus viviendas, mientras el agua cubre los niveles inferiores e impide salir por tierra. Hasta allí llegan otros vecinos en canoa, llevando comida y acercando lo necesario para atravesar el día. La misma organización que recibe donaciones, prepara los alimentos y los reparte se ocupa también de quienes permanecen rodeados por el agua.
En el barrio, muchos vecinos son malloneros y cuentan con canoas por su vínculo cotidiano con el río y la pesca. Durante la creciente, esas embarcaciones adquieren otra función: permiten trasladar alimentos hasta las casas aisladas. No son, sin embargo, una solución frente a cualquier emergencia ni una garantía de sustento para quienes viven de la actividad. En estas circunstancias, son un recurso disponible que los vecinos ponen al servicio de los demás.
6 / 13 Foto: Joaquin Meabe

En el barrio, muchos vecinos son malloneros y cuentan con canoas por su vínculo cotidiano con el río y la pesca. Durante la creciente, esas embarcaciones adquieren otra función: permiten trasladar alimentos hasta las casas aisladas. No son, sin embargo, una solución frente a cualquier emergencia ni una garantía de sustento para quienes viven de la actividad. En estas circunstancias, son un recurso disponible que los vecinos ponen al servicio de los demás.

Algunas familias reciben las donaciones; otras cocinan, organizan las tareas o colaboran con el reparto. La organización se construye entre personas que se conocen, que comparten el territorio y que, en muchos casos, también enfrentan las consecuencias de la creciente. Hay quienes ayudan porque tienen familiares afectados y quienes lo hacen porque saben que, en el barrio, las dificultades de uno pueden alcanzar a muchos.

 
7 / 13 Foto: Luis Gurdiel

Algunas familias reciben las donaciones; otras cocinan, organizan las tareas o colaboran con el reparto. La organización se construye entre personas que se conocen, que comparten el territorio y que, en muchos casos, también enfrentan las consecuencias de la creciente. Hay quienes ayudan porque tienen familiares afectados y quienes lo hacen porque saben que, en el barrio, las dificultades de uno pueden alcanzar a muchos.

 

Para quienes debieron evacuar, encontrar un lugar donde quedarse es una de las necesidades más urgentes. Una escuela fue habilitada para recibir a las familias afectadas, aunque no todas quieren trasladarse allí. Algunas permanecen cerca de sus viviendas y, en las casas de dos plantas, hay quienes se refugian en los niveles superiores que el agua todavía no alcanzó. Permanecer allí no significa quedar fuera de la red de ayuda: también reciben los alimentos que sus vecinos les acercan en canoa.
8 / 13 Foto: Joaquin Meabe

Para quienes debieron evacuar, encontrar un lugar donde quedarse es una de las necesidades más urgentes. Una escuela fue habilitada para recibir a las familias afectadas, aunque no todas quieren trasladarse allí. Algunas permanecen cerca de sus viviendas y, en las casas de dos plantas, hay quienes se refugian en los niveles superiores que el agua todavía no alcanzó. Permanecer allí no significa quedar fuera de la red de ayuda: también reciben los alimentos que sus vecinos les acercan en canoa.

Una casa reúne mucho más que paredes y pertenencias: contiene años de trabajo, recuerdos, rutinas y una forma de vida construida con esfuerzo. Cuando el agua avanza, perder esos espacios significa también enfrentar la incertidumbre de no saber qué será posible recuperar ni cuándo se podrá regresar.
9 / 13 Foto: María Daniela Varela
Una casa reúne mucho más que paredes y pertenencias: contiene años de trabajo, recuerdos, rutinas y una forma de vida construida con esfuerzo. Cuando el agua avanza, perder esos espacios significa también enfrentar la incertidumbre de no saber qué será posible recuperar ni cuándo se podrá regresar.
El barrio está asentado junto al Paraná, en una zona expuesta a las inundaciones. Pero mirar esa realidad únicamente desde el riesgo deja preguntas sin responder: qué posibilidades tienen estas familias de vivir en otro lugar, qué alternativas habitacionales existen y cuánto de esa permanencia responde a una elección y cuánto a las condiciones materiales en las que transcurre su vida.
10 / 13 Foto: María Daniela Varela

El barrio está asentado junto al Paraná, en una zona expuesta a las inundaciones. Pero mirar esa realidad únicamente desde el riesgo deja preguntas sin responder: qué posibilidades tienen estas familias de vivir en otro lugar, qué alternativas habitacionales existen y cuánto de esa permanencia responde a una elección y cuánto a las condiciones materiales en las que transcurre su vida.

Desde afuera, quedarse puede confundirse con una decisión incomprensible. Sin embargo, detrás de cada vivienda hay una historia particular y detrás de cada familia, circunstancias que no siempre son visibles para quienes observan desde lejos.
11 / 13 Foto: María Daniela Varela
Desde afuera, quedarse puede confundirse con una decisión incomprensible. Sin embargo, detrás de cada vivienda hay una historia particular y detrás de cada familia, circunstancias que no siempre son visibles para quienes observan desde lejos.
La creciente mantiene en suspenso la vida de muchas familias. No hay certeza sobre cuándo podrán regresar a sus casas ni sobre cuánto de lo perdido podrá recuperarse. La ayuda comunitaria no detiene el agua ni reemplaza las respuestas que requiere una emergencia de esta magnitud. Pero permite que, frente a la incertidumbre, las necesidades no queden libradas únicamente a las posibilidades de cada hogar.
12 / 13 Foto: Joaquin Meabe

La creciente mantiene en suspenso la vida de muchas familias. No hay certeza sobre cuándo podrán regresar a sus casas ni sobre cuánto de lo perdido podrá recuperarse. La ayuda comunitaria no detiene el agua ni reemplaza las respuestas que requiere una emergencia de esta magnitud. Pero permite que, frente a la incertidumbre, las necesidades no queden libradas únicamente a las posibilidades de cada hogar.

Mientras el río transforma el paisaje y obliga a reorganizar la vida cotidiana, esa red permanece activa. No porque la solidaridad pueda resolverlo todo, sino porque, en medio de la creciente, acompañarse también es una manera de resistir
13 / 13 Foto: Joaquin Meabe

Mientras el río transforma el paisaje y obliga a reorganizar la vida cotidiana, esa red permanece activa. No porque la solidaridad pueda resolverlo todo, sino porque, en medio de la creciente, acompañarse también es una manera de resistir