historias Argentina 11 de mayo de 2026

Lucha Universitaria

Historia

La memoria que resiste

Más de un siglo en defensa de la educación pública

Tras tres marchas federales, una crónica sobre la resistencia histórica que nació en 1918 y sostiene el derecho al futuro en 2026.

Por ©IDC Fotos: Joaquín Meabe, María Daniela Varela, .
Joaquín Meabe
Fuente: Joaquín Meabe

El dato que publicó el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) en marzo es difícil de digerir: el sistema universitario nacional arrastra una caída presupuestaria del 45,6% desde el año 2023. No es solo un número para los economistas; es la realidad de facultades que deben gestionar el día a día para que la luz, el gas y los que insumos de investigación no falten.

María Daniela Varela
Fuente: María Daniela Varela

La aprobación de la Ley de Financiamiento Universitario a fines de 2025 fue recibida como un alivio y un reconocimiento al respaldo que la sociedad civil le da a la educación pública. Sin embargo, en el 2026, la exigencia de su cumplimiento efectivo es lo que mantiene a la comunidad académica en estado de alerta. Para entender por qué la universidad es un nervio tan sensible para los argentinos, hay que repasar las huellas de su historia.

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La identidad de la universidad nació hace más de un siglo. En 1918, en Córdoba, los estudiantes no pedían privilegios, sino una institución moderna y democrática. La Reforma Universitaria de aquel año cambió las reglas de juego: introdujo la autonomía y el cogobierno, permitiendo que la universidad se gobernara a sí misma, lejos de las presiones de turno. Ese espíritu es el que hoy permite que, a pesar de las crisis económicas, cada facultad siga siendo un espacio de libertad y pensamiento crítico.

Joaquín Meabe
Fuente: Joaquín Meabe

A mediados del siglo XX, la universidad argentina comenzó a transformarse en un motor de movilidad social. Se empezó a ver al estudiante no solo como alguien que pasa por las aulas, sino como un futuro profesional comprometido con el desarrollo del país. Organizaciones como la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) surgieron con la idea de fomentar la participación juvenil y el sentido de comunidad, entendiendo que el estudio es también una responsabilidad con la sociedad.

Joaquín Meabe
Fuente: Joaquín Meabe

La historia también tiene capítulos de sombra que forjaron la resiliencia del sistema. Durante la última dictadura militar, la intervención de las facultades y la disolución de los centros de estudiantes buscaron silenciar la vida universitaria.Hechos como la Noche de los Lápices en 1976, donde estudiantes secundarios fueron secuestrados tras haber reclamado por el boleto estudiantil, quedaron grabados como el símbolo de una juventud que, aun en las condiciones más adversas, nunca dejó de defender el derecho a estudiar. Hoy, el boleto estudiantil y el bienestar de los alumnos son conquistas que se cuidan como parte del patrimonio histórico.

Joaquín Meabe
Fuente: Joaquín Meabe

Cada vez que el país atravesó tormentas económicas, como en la década del 90 o el estallido de 2001, la universidad pública cumplió un rol que excedió lo académico. Se transformó en comedores, en espacios de apoyo escolar y en centros de investigación aplicada a problemas locales. Hoy, la situación vuelve a poner a prueba esa capacidad de resistencia. La universidad argentina ha demostrado, a lo largo de más de cien años, que es mucho más que un conjunto de edificios: es el proyecto colectivo de un país que, a pesar de los vaivenes presupuestarios, se niega a renunciar a la educación gratuita y de calidad como su principal herramienta de progreso.

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