historias Corrientes 22 de octubre de 2026

El tiempo del agua

Historia

La crecida del Paraná

La incertidumbre climática

El Niño: lluvias extremas y vulnerabilidad urbana.

Por ©IDC Fotos: María Daniela Varela, Joaquín Meabe
María Daniela Varela
Fuente: María Daniela Varela

El río Paraná volvió a superar el umbral de evacuación en las costas de Corrientes. Con caudales de ingreso a Yacyretá que rozaron los 28.000 metros cúbicos por segundo y la apertura de sus vertederos, el agua ocupó nuevamente los sectores bajos de la provincia, interrumpiendo accesos a islas, caminos rurales y barrios costeros. Tratar este ciclo de El Niño como un episodio aislado que se resolverá cuando el río vuelva a su cauce evita discutir el problema de fondo: la urgencia dejó de ser una excepción en el Litoral. La recurrencia de los desbordes responde a una transformación estructural del clima que choca contra un territorio diseñado para parámetros que ya no existen.

María Daniela Varela
Fuente: María Daniela Varela

Cada vez que la fase cálida del sistema ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) se consolida en el Pacífico ecuatorial, la respuesta suele ser la misma: asumir el fenómeno como un trastorno estacional que, tras unos meses de lluvias e inundaciones, dará paso al orden habitual.La evidencia científica desmiente esa expectativa de retorno. El evento 2026-2027 se despliega sobre un océano con una temperatura basal alterada. Según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, las superficies marinas extratropicales registraron medias de 20,86 °C, el valor más alto en sus series históricas.

Joaquín Meabe
Fuente: Joaquín Meabe

Al activarse sobre aguas sobrecalentadas, la atmósfera absorbe un volumen inédito de energía y humedad. Como advirtieron la Organización Meteorológica Mundial y la NOAA, esto amplifica la fuerza de las tormentas y la frecuencia de los picos hídricos. El calentamiento global no inventó a El Niño, pero corrió el punto de partida sobre el cual operan sus impactos.

María Daniela Varela
Fuente: María Daniela Varela

En Corrientes, la crisis no se explica únicamente por los caudales en tránsito desde la cuenca alta del Paraná. El factor determinante radica en la respuesta de la superficie terrestre frente a precipitaciones cada vez más concentradas Lo sucedido en diciembre de 2025 dejó al descubierto este límite: el 75% del agua caída en ese mes se acumuló en solo cinco días. La capital provincial registró picos de hasta 300 milímetros en 24 horas, mientras que en áreas rurales del norte los acumulados superaron los 670 milímetros en tres días.

Joaquín Meabe
Fuente: Joaquín Meabe

Con una humedad relativa del 96% sostenida en el tiempo, las napas freáticas se saturan por completo. Al perder la tierra su capacidad de infiltración, cada lluvia posterior se convirtió en escorrentía superficial inmediata, desbordando arroyos internos, colapsando desagües urbanos y anegando campos de amortiguación. El problema dejó de ser solo el volumen de agua enviado por los ríos principales para transformarse en la imposibilidad del suelo de absorber la precipitación local.

María Daniela Varela
Fuente: María Daniela Varela

Las comparaciones con las grandes crecidas de 1982-1983 o 1997-1998 muestran una diferencia sustancial. Aquellos eventos eran leídos como catástrofes históricas separadas por décadas de relativa previsibilidad. En la actualidad, la sucesión de eventos extremos agotó los márgenes habituales de respuesta. El Sexto Informe del IPCC advierte que la alteración del ciclo hidrológico continental es irreversible en escalas de tiempo humanas. A la par, el Banco Mundial calcula pérdidas regionales superiores a 60.000 millones de dólares por ciclo de gran magnitud, mientras que el PNUMA señala que los costos de adaptación estructural para los países en desarrollo demandarán cientos de miles de millones de dólares anuales durante esta década.

María Daniela Varela
Fuente: María Daniela Varela

A pesar de estas advertencias globales, la respuesta sigue anclada en la lógica de la asistencia de emergencia. Se invierten recursos en paliar los efectos inmediatos cuando el agua ya está presente, pero se avanza muy poco en modificar las causas estructurales de la exposición al riesgo. La discusión de fondo no radica únicamente en cuánta agua transporta el río en una semana determinada, sino en por qué las ciudades, los trazados viales y la matriz productiva continúan planificándose de espaldas a parámetros climáticos que ya no existen.

María Daniela Varela
Fuente: María Daniela Varela

El agua volverá a estacionarse y los ríos recuperarán su cauce ordinario en los próximos meses. Sin embargo, la estabilidad habrá regresado únicamente en los registros formales. La pregunta fundamental que la sociedad debe hacerse no es cuándo concluirá este ciclo de El Niño, sino si existirá la determinación social de rediseñar el territorio antes de que el próximo evento extremo encuentre a las comunidades en la misma condición de vulnerabilidad.

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